Nuestros bosques chiquitos

Dúrcal_Acequia de los Hechos_Por la zona del arroyo de la Cerecera_Piornal

Piornal en la acequia de los Hechos, por la zona del arroyo de la Cerecera. Dúrcal.

Qué mejor celebración para el Día Internacional de los Bosques que acordarnos de los bosques chiquitos. No nos faltan razones para identificar a los bosques con árboles y no seremos quien para desmerecer la importancia que para nosotros suponen los compañeros grandes de la vegetación. Ni para ignorar las emociones que nos suscitan los troncos erguidos y el follaje elevado que cubre sus ramificaciones. O el empequeñecimiento que nos provoca el verdor alto, la frescura que respiramos con la fragancia que nos allegan en volandas de brisa. ¡Es tanto lo que nos dan los árboles que bien se tienen ganado nuestro reconocimiento en un día como éste!

Pero, ¿qué decir cuando la frondosidad se agarra tumbada a las superficies quebradas, cuando el ramaje se presenta prieto para poder luchar mejor contra el rigor, cuando el porte es necesariamente pequeño para poder responder a la dificultad? Porque hay muchas situaciones en las que los árboles se muestran incapaces y han de ceder el espacio a pobladores vegetales más modestos bajo condiciones de plena naturalidad.

Almería_Tabernas_Desierto de la rambla

Desierto de la rambla en Tabernas

Estos bosques chiquitos son de enebros y sabinas rastreros cuando ascendemos hacia las cimas de nuestras sierras. O de otras sabinas y enebros emparentados de hoja escuamiforme modelada por la abrasión de las arenas de dunas. O las que pueblan los páramos interiores en donde la continentalidad del frío y la sequedad estorba la instalación de arbolado.

Por doquier encontramos bosques chiquitos. Sobre todo bajo circunstancias que tienden a los extremos, en convivencia con los rigores. Sosas y barrillas de colores verdebermejo y tersura suculenta que ocupan los saladares; tomillos y las pequeñas matas que salpicotean los espejeantes yesares; las cabelleras de los palmitares que verdean contra el azul marino; los acebuchales de los bujeos, indecisos en su porte de tronquillos entrecruzados; los tupidos piornales que con gracejo fueron bautizados como “asientos de pastor” o “cojines de monja”.

Mazagón_Moguer_Dunas con sabinas rastreras

Dunas con sabinas rastreras en Mazagón

Todos estos bosques chiquitos y muchos otros están bien tal que así… no echan de menos a los árboles porque éstos no fueron llamados a su seno. No formaron parte de su esencia de paisaje milenario como tampoco son esperables en su futuro.

Y en este futuro que se presagia, probablemente haya aún más espacio para estos bosques chiquitos. Porque habrá lugares en donde los árboles no podrán cumplir la promesa del relevo que se nos antojaba eterna: ¡cuánta incertidumbre, cuántos interrogantes, cuántos desafíos para nosotros y para los bosques, los grandes y los chiquitos!

Sea como fuere, aprovechemos este mes de marzo y paseemos por estos bosques chiquitos. Recorramos estos bosques sin árboles; perdamos nuestra mirada en su espesura continua o entreverada entre la sequedad de la tierra o la pedriza; disfrutemos, en fin, de su pequeñez y su valentía. Entonces comprenderemos mejor la grandeza de nuestros bosques chiquitos.

2 Respuestas a “Nuestros bosques chiquitos

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