Experiencias contra la seca

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La mantener la salud de nuestros ecosistemas es clave para conservar la biodiversidad de nuestras tierras; el problema es que adolecemos de una mala salud desde hace décadas. En Andalucía, el caso más representativo lo tenemos en el fenómeno conocido como la seca de las quercineas, que es la responsable de la pérdida de miles y miles de árboles. La Administración y la comunidad científica llevan años intentando determinar los patrones que causan esta pérdida irreversible, algo fundamental para buscar soluciones. Hasta el momento, lo que sabemos es que inciden numerosos factores que dificultan cualquier análisis: los tratamientos culturales, el cambio global, la carga ganadera…

La ‘seca’ es el término comúnmente utilizado para denominar el deterioro del arbolado mediterráneo sin identificar cuáles son los factores determinantes, ya sean bióticos o abióticos. Cuando se puede definir a largo plazo la incidencia de factores ambientales u otros agentes se suele identificar como ‘decaimiento’.

Este fenómeno, tan dañino y de dífícil solución, se acrecienta con los rigores de la época estival. La previsión de una subida de temperatura de 2 o 3 grados centígrados y la disminución de las precipitaciones en un 20% dificultan la continuidad de nuestros bosques tal y como los conocemos. Si a estas le añadimos las enfermedades que están afectando a nuestras quercíneas, tenemos todos los argumentos necesarios para confirmar que estamos situados ante el escenario de un proceso de desaparición constante e irreversible de nuestro bosque más representativo. El pronóstico nos señala que nos dirigimos hacia una matorralización del entorno natural con especies xerófilas, es decir , especies que puedan soportar largos períodos de sequia.

Ante esta situación, tenemos que echar mano del principio de gobernanza, es decir, de implicar a los ciudadanos en el diseño y desarrollo de las políticas, y de hacerlos partícipes en la búsqueda de soluciones a este problema ambiental. Lo normal es que la sociedad demande soluciones concretas a la Administración, pero como en todos los aspectos que inciden, de forma directa o indirecta, sobre la comunidad, la implicación de todos sus miembros debe ser uno de los pilares para buscar soluciones.

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Es importante la labor de los investigadores en la aproximación científica del problema en cuestión, que no es fácil; de la administración a la hora de canalizar los recursos necesarios; de los actores sociales de sensibilizar a la población y de la personas vinculadas al medio rural para que se implementen hábitos que mejoren el estado fitosanitario (porque no todo puede ser responsabilidad del sector público). La Administración puede catalizar el papel corresponsable de la sociedad civil organizando e impulsando convocatorias participativas para realizar plantaciones de especies mediterráneas que contribuyan a asegurar el futuro de nuestros bosques, lo cual es bastante positivo, así como para recabar información y experiencias y a concienciar de la mejora de los árboles adultos ya existentes con problema de decaimiento o seca.

En definitiva es importante desarrollar acciones que impliquen la mejoras de nuestra masa forestal y aplicar los resultados de las investigaciones, pero es igualmente importante recoger las experiencias que los propietarios y gestores llevan acumuladas en su observación cotidiana y en sus propuestas para luchar contra la seca, en ocasiones intuitivas o derivadas de otros campos de actividad. Iniciativas que suponen en ocasiones aplicar técnicas novedosas, que aunque no estén completamente confirmadas por la comunidad científica, sí pueden estar respaldadas por su implementación y comprobación con otras especies o situaciones.

Esto sería solo un tipo de acción de las muchísimas que se podrían emplear y que debería promocionarse por las administraciones. El seguimiento de parcelas con la aplicación de distintas técnicas, novedosas o no, puede generar una ingente cantidad de información para su análisis que los investigadores podrían utilizar para su mejora. En este sentido, el uso de app puede facilitar la recogida de los datos bioticos y abióticos necesarios para mejorar el conocimiento del problema y la planificación de las mejores soluciones.

Experiencias particulares

Una de las manifestaciones más agresivas de la seca es la destrucción de las raíces absorbentes por la infección del organismo Phytophthora cinnamoni, de forma que pierden su capacidad de absorber agua y nutrientes. Desde hace unos años, la finca Alamillo Rural, situada en el Andévalo oriental, viene desarrollando una serie de ensayos orientados a la regeneración de las raíces secundarias.

Pero no solo están en riesgo nuestros encinares, alcornocales y dehesas por Phytopthora, también inciden otros patógenos como Pythium y acaso otros hongos y patógenos que nos amenazan.

El tratamiento se basa en la aportación de zeolita en forma coloidal (nanoparticulas) en una dispersión acuosa que ayuda a la asimilación de los ácidos grasos, lo que favorece la firmeza a los tejidos de la planta así como una acción anti-hongo de alta eficacia. Este tratamiento se complementa con la aportación de nutrientes (puede ser un triple 15-5-20), y de un suplemento cálcico que, como ha demostrado la investigación, facilita la inhibición y disminuye la capacidad de infección del hongo (Serrano et al., 2011).

La aplicación de productos que favorecen mecanismos de reparación de las células dañadas por ataques de hongos pueden ser una solución efectiva que mejore el estado fitosanitario de las quercineas, también puede ser efectivo la aplicación de productos fertilizantes o de materiales, orgánicos o inorgánicos, destinados a mejorar la calidad de los suelos.

Los resultados no son inmediatos, y más con los veranos largos y secos que estamos teniendo. Por ello, otra de las prácticas que se está siguiendo es disminuir el estrés hídrico de las encinas adultas afectadas, mediante al apertura de zanjas y la aportación de agua con nutrientes en aquellas encinas que están en los bordes de los focos afectados o en el interior. Se ha observado, en muchas de las encinas afectadas por decaimiento, que cuando estos riegos se acompañan de nutrientes y algún inductor de autodefensas mejoran considerablemente, dejan de perder hojas verdes y brotan con más fuerza. Es cierto que no se pueden prolongar indefinidamente estos tratamientos, pero esta mejora sí puede fortalecer la planta ante los agentes patógenos y que esta pueda responder con la generación de raicillas.

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Estos tratamientos, en los focos de decaimiento, se acompañan de reforestaciones, donde la diversidad es fundamental: además de árboles como acebuches, alcornoques, pinos, algarrobos, madroños y coscojas, se plantan también otras especies de matorral como el lentisco, los palmitos, los mirtos y las adelfas. Una premisa que debería ser fundamental y obligatoria es que las restauraciones forestales deben evitar ser monoespecíficas.

Hacia un nuevo paisaje

Tal vez la seca sea como verle las orejas al lobo, la antesala de lo que nos viene encima, de lo que está por llegar: la matorralización de nuestros bosques; o lo que es lo mismo, que Andalucía se vaciará de árboles a finales de este siglo. Este panorama, devastador, es el que se prevé en los resultados de los estudios sobre el bosque mediterráneo que ha realizado un de equipo investigadores de la Universidad de Córdoba, liderados por el doctor en Ecología Rafael Villar. En él se nos alerta sobre la degradación que sufre el medio y las cotas que alcanzará. Un futuro catastrófico para nuestras conciencias ambientales, pero que, desafortunadamente, parece que no ha calado por completo en la sociedad.

Y, sobre todo, no hay que tirar la toalla. Hay que seguir luchando por mantener nuestro arbolado, que es el sustento de la economía de muchos de nuestros pueblos, de nuestro paisaje y de nuestra biodiversidad. Por ahora, la solución definitiva no se vislumbra cercana. Mientras se sigue buscando, investigando, observando, nuestras encinas y alcornoques se debilitan, perdiéndose uno de los ecosistemas más representativo de la península ibérica. No estamos perdiendo árboles, estamos perdiendo ecosistema, estamos perdiendo el bosque.

*SERRANO, María Soledad, et al. (2011), “Control de la podredumbre radical de las encinas mediante fertilizantes inorgánicos II: Efecto in vitro del Ca y el K en la capacidad infectiva de Phytophthora cinnamomi”, Boletín de Sanivad Vegetal-Plagas, Nº 37, p. 109-118

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