El incendio de Las Peñuelas y la fauna

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Fotografía: Miguel Ángel Maneiro

Las cicatrices del fuego son aún demasiado evidentes en Doñana y casi no tenemos ojos para ver las primeras muestras de su regeneración (natural), que las hay. Las labores de restauración apenas han comenzado, así que el paisaje todavía nos hace recordar mucho aquellas horas intensas en las que las llamas recorrieron estos campos. Por ahora, las actuaciones de urgencia que se están realizando se centran en garantizar la seguridad en los lugares en que existe riesgo para las personas; hablamos de zonas como Cuesta Maneli, el camping Doñana o el carril bici entre Matalascañas y Mazagón donde los árboles calcinados amenazan con caerse y ocasionar accidentes.

Los golpes más duros, y visibles, se produjeron sobre la vegetación, tanto que en las áreas más castigadas ha desaparecido completamente de forma temporal. Pero los daños no solo han afectaron a la cubierta verde, el incendio también ha alterado el ciclo de nutrientes, o la hidrología, y, en general, prácticamente todos los elementos y procesos que componen los ecosistemas.

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Fotografía: Miguel Ángel Maneiro

En lo referente a la fauna, el fuego tuvo un impacto directo en las especies que tienen menor movilidad. Es el caso de los invertebrados que forman parte de la capa superficial del suelo, que desempeñan funciones tan importantes para la salud de los ecosistemas como la descomposición de materia orgánica (y en general del ciclo de nutrientes) o la polinización, sin ir más lejos. Afortunadamente, y a pesar de todo, muchas especies superaron casi indemnes esta catástrofe. Sirva como ejemplo la Donacosa merlini, una especie de araña lobo endémica de la zona litoral de Huelva y Cádiz, que recibe su nombre de la propia Doñana por haber sido descrita aquí. Las hembras de esta araña excavan una madriguera de unos 20 cm de profundidad, donde permanecen refugiadas, de modo que gracias a este proceder y a que suelen habitar principalmente zonas de arenas desnudas o con baja cobertura vegetal, muchas de las poblaciones afectadas por el incendio han conseguido sobrevivir.

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Fotografía: Miguel Ángel Maneiro

En los vertebrados, reptiles, anfibios, mamíferos y aves, los efectos de las llamas también se han hecho notar. Para estas últimas, particularmente, el hecho de que el incendio se haya producido muy al principio del verano les ha podido afectar un poco más de lo esperado, ya que algunas de ellas aún no habían finalizado completamente el ciclo de reproducción, un periodo en el que los pollos y algunos individuos jóvenes aún no tienen capacidad de huir. Pero aún no tenemos datos definitivos y no es fácil saber cómo les ha afectado el fuego.

En este sentido, especies como el chotacabras, que estaba en plena época de reproducción, o aquellas que estuvieran criando porque hubiesen realizado segundas puestas (por fallo de la primera, por ejemplo) se habrán visto afectadas, pero, claro está, esto es difícil de concretar, como ya hemos dicho. En otros casos, la incidencia de las llamas ha sido menor, como en el de los abejarucos, que nidifican bajo tierra, o en el de las aves que se reproducen pronto, como las rapaces nocturnas (cárabo o búho real, ambas presentes en la zona), a las que no creemos que les haya afectado, a pesar de que algunas, es el caso del búho real, crían cerca del suelo o incluso sobre el suelo.

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Fotografía: Miguel Ángel Maneiro

Otra de las consecuencias del incendio ha sido la pérdida del hábitat, que se traduce en cuestiones como la falta de refugios, de alimento, o una mayor exposición a temperaturas extremas. Estos efectos indirectos perduran en el tiempo y su remedio es uno de los primeros objetivos que se persigue en la restauración. Gran parte de la regeneración de la zona se producirá de forma natural, pero en algunos casos será necesario intervenir. Los plazos de la regeneración natural suelen ser largos y esto, para las poblaciones de algunas especies, puede tener un impacto relevante.

Una de las especies cuyo hábitat se ha visto afectado es el lince ibérico. En esta zona, el personal adscrito al proyecto LIFE IBERLINCE tenía controladas cuatro hembras: Isis, Graja, Fantasma y Erodia. Dos de ellas, Fantasma y Graja, tenían su territorio dentro de la zona incendiada; el de Isis sólo se ha visto afectado en un 10 o 15%; y Erodia, que tiene un territorio muy amplio, estaba fuera de la zona afectada. Lógicamente, trabajar para recuperar el hábitat de nuestros linces es estratégico, y debemos hacerlo cuanto antes. Todos estas hembras se han vuelto a localizar en sus territorios tras el incendio.

A pesar de todo lo que hemos dicho, en un incendio de este tipo no es usual que se produzca un elevado número de ingresos de animales en los centros de recuperación de especies amenazadas. Cuando ocurre una catástrofe de este tipo, la fauna sobreviviente se desplaza y busca nuevos lugares aptos para establecerse. Por lo tanto, no suele ser necesario un apoyo extraordinario a las dotaciones normales de estos centros de recuperación.

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