Pinos, pastores y sapitos

Pino Galapán

Pino Galapán

¡Qué enormidad y belleza la de los pinos salgareños de la sierra de Santiago de la Espada! De allí en donde la inmensidad de las sierra de Cazorla, Segura y Las Villas parece detenerse tocando el cielo en los Campos de Hernán Perea, paraje mágico entre donde los haya, un mundo de pasto y ganado trashumante, de ovejas que van y vienen por la verea que les trae y les lleva, de los pastos invernales de la Sierra Morena a los de la primavera apresurada de estas sierras calizas.

En estos pinos se ha detenido el tiempo. O mejor dicho, continúa macerándose acompasado a la sucesión secular de estaciones. Pinos hijos o hermanos de aquellos que harían las Américas, o de los que calentaron miles de lumbres y caldearon infinidad de hornos. Son nuestras secuoyas de este particular Yosemite, nuestros baobabs estilizados y garbosos, las araucarias de nuestro Mediterráneo. Y, entre todos ellos, el pino Galapán acoge nuestro asombro para retarnos a hacer apuestas sobre su existencia.

Pinos de la sierra que aún talados continúan aportando vida. Como en los tornajos de las tinadas que los pastores inundan con el agua cristalina de los manantiales. Agua para ovejas, cabras, vacas y gallinas. Que darán de comer a nuestros apetitos y que permiten que los paisajes sigan teniendo la faz que le da el careo cotidiano del ganado.

Agua también para seguir dando vida, generación tras generación, a unos sapitos singulares y emblemáticos: los sapos parteros béticos, quienes forjaron, tal vez hace milenios (¡¿quién lo sabrá?!) la mejor alianza imaginable entre el ser humanos y la vida silvestre. Quien primero domara el agua de la sierra y la hiciera discurrir por estos recipientes de madera de siglos, propició que estos sapitos no tuvieran que depender de las veleidades de los azares de nuestro clima y sus lluvias, de la permanencia natural del agua embalsada pero al mismo fluyente.

Renacuajos

Vida pastoril entrelazada con la vida natural. ¿Qué sería de estos anfibios sin aquellos que conservan los veneros, los que perseveran en que los bebederos estén rebosantes?

En estas sierras saben mucho de todo esto: de cómo seguir trabajando una naturaleza domesticada que aún permanece entre nosotros practicando un oficio duro pero necesario como pocos: el de pastor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s