Érase una vez un lobo…

 

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Fotografía: Rafael Arenas

Nos cuentan que lo vieron, pero cuando eran jóvenes. Que antes se escuchaban sus aullidos y que, a la caída del día, caminaban por el monte. Nos lo dice gente que ha vivido, gente que nació en pueblos y aldeas, y que, siempre, vivieron muy pegadas a la Naturaleza, al campo. La relación con ellos no era fácil, es cierto. Y como en casi todas las cosas de este mundo, había quienes lo querían y otros, a quienes pues…, pues eso, que no les hacía tanta gracia. Sin embargo, hoy, muchos, lo echamos de menos.

Y es que el lobo siempre estuvo ahí. Estaba en nuestros cuentos infantiles, donde a veces le tocó asumir el papel de malo. Y luego vino Félix, nuestro “amigo Félix”, como cantábamos hace algunos años los que nos quedábamos embobados viendo El Hombre y la Tierra. Y detrás muchos más. Y nos enseñaron que los lobos no eran esos seres dañinos con los que nos habían asustado, sino unos nobles animales que desempeñaban un papel fundamental en lo que Félix llamaba “cadena trófica” (una cadena de la que muchos no teníamos noticia, hasta que él nos la enseñó). Y también aprendimos que el lobo era tan de aquí como nosotros mismos, no debemos olvidarlo.

A veces mataba a algún animal, y eso, pues no nos gustaba tanto, no nos vamos a engañar. Pero su figura, su presencia, nos compensaba a aquellos que habíamos aprendido a conocerlo, a respetarlo y a amarlo. Porque supimos que la coexistencia era posible, y buena. Que había espacio para todos, y que el suyo estaba en el monte, el mismo monte por el que caminábamos y que compartíamos con él.

Después desapareció. Durante muchos años no volvimos a verlo por aquí, y solo supimos de él por noticias que nos llegaban de lejos. Pero ahora parece que quiere regresar. Lo han visto, cómo no, otra vez por Sierra Morena, su casa. Aunque son pocos.

Sabemos que se necesita el consenso de la mayoría de los que viven en ese entorno. Y en ello trabajamos, para que el lobo deje de ser el villano de los cuentos y comprendamos que, en la realidad, no hay buenos ni malos, sino que su presencia, como la nuestra, es fundamental para tener un mundo mejor y más completo.

Wolves

Fotografía: Rafael Arenas

Con nuestro esfuerzo, con el de todos, y con la ayuda del resto de Europa, a través del proyecto Life Southern Wolves, seguro que lo conseguiremos. Porque el lobo nos aporta riqueza. Porque es un valor de nuestras sierras. Porque en el monte hay un hueco vacío que debe ocupar.

Para terminar, me quedo con las palabras de Félix, nuestro amigo Félix: “En la agreste infancia de la meseta burgalesa pedía a mis buenas niñeras del páramo que me contaran una historia de lobos, y con estas historias me dormía, arrullado por la seguridad de la casa, dulce y confortable” (Magister dixit). Ojalá podamos volver a ver a la loba y sus lobitos y no se queden solo en un recuerdo de la memoria o como personajes de la letra de una canción infantil.

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