Las cabras de Puente Mocho

Trashumancia Puente Mocho

La recuperación del Puente Mocho ha sido una de las obras que nos han hecho especialmente felices. ¿Por qué? Pues porque además de combinar perfectamente la recuperación del patrimonio cultural y la preservación del medio natural, tiene una enorme repercusión para los que continúan utilizando esta vía de comunicación que nos legó la época romana.

La restauración de Puente Mocho era obligada por su carácter de bien cultural y legado histórico. Pero nos ha llenado de satisfacción sobre todo porque es importante para los habitantes que transitan sobre él y para los cuales era necesario que continuara en buen estado. Porque del mismo modo que necesitamos de los viaductos de las autovías para nuestros movimientos cotidianos, Puente Mocho nos recuerda que también hay que garantizar otros tipos de desplazamiento a través de nuestro territorio. Unos desplazamientos que en ocasiones olvidamos o no le damos importancia. Pero que, como en este caso, pueden depender para su pervivencia de un puente milenario. Que, por otro lado, es un goce para los sentidos. Y el resultado está a la vista.

Restauración Puente Mocho

Además, Puente Mocho nos pone en contacto con una de las actividades económicas más actuales y al mismo tiempo con más historia de las que existen en nuestro territorio: la transhumancia. Esta es una técnica de pastoreo ancestral basada en el movimiento del ganado en función de las condiciones climatológicas del año y del alimento disponible. En esta práctica los pastores se desplazan, junto con sus animales, desde las zonas de buenos pastos de verano hasta las zonas de buenos pastos de invierno. Esto suponía en el pasado recorridos de cientos de kilómetros que unía el norte y el sur de España, apoyados en ese fantástico legado de naturaleza y cultura que es la red de vías pecuarias. Pero también hay rutas trashumantes que aprovechan las diferencias ecológicas entre las tierras bajas y las tierras altas, las llanuras y campiñas y los pastos serranos. Estas rutas podían suponer desplazamientos relativamente cortos cuando la montaña estaba cerca del llano; pero también puede tratarse de un desplazamiento que exija un desplazamiento de varias jornadas cuando medie una distancia considerable entre los pastos frescos de verano y los pastos templados de invierno.

ganado pastando

La lógica de la transhumancia responde a la adaptación milenaria al entorno, a un buen entender del uso y aprovechamiento de los recursos naturales, responsable y sostenible. Con su movimiento de un lugar a otro, el ganado no es el único beneficiario, sino que son muchos otros los que, relacionados directa o indirectamente, se ven favorecidos. El ganado, en su desplazamiento abona los pastizales y las tierras de cultivo cuando aprovecha las rastrojeras. Los rebaños mantienen caminos y senderos. Permiten que continúen los ecosistemas de pastizal y siguen modelando nuestros paisajes. El territorio continúa, en definitiva, vivo. Y en la actualidad, cuando necesitamos referencias de utilización racional de los recursos naturales, un actividad basada en la adaptación a los ciclos de la naturaleza nos enseña muchas lecciones. Porque a pesar de su dureza, de las incomodidades que supone el desplazamiento, de la escasa consideración social que despierta en ocasiones el oficio de pastor, la trashumancia aporta lecciones de vida y de cultura que a todos nos deberían interesar.

No podemos olvidar, asimismo, una reciente y fructífera asociación de intereses económicos como es la del turismo y la educación ambiental con la trashumancia. Estos ámbitos, antes totalmente desvinculados de la ganadería, se presentan como una alternativa vivificadora para las economías rurales, que ven como cada día hay más personas deseosas de conocer, de recordar, las formas de vida de la trashumancia y la filosofía que lo rodea; y esto, por supuesto, tiene su repercusión en áreas como la hostelería y los servicios culturales.

Tal es el interés que ha despertado que desde otros campos, que no son los de la tierra, sino los campos del saber, como la antropología o la geografía, desde los que se mira con especial atención a esta práctica ganadera. La trashumancia es hoy por hoy un motivo de reflexión que nos transmite una forma de relacionarnos con la naturaleza que no pasa por su mejor momento.

Por eso la restauración del Puente Mocho es muy importante. La financiación europea del FEADER nos ha permitido restaurarun monumento vivo, una obra de ingeniería romana que continúa en uso. Su carácter rural no debe ensombrecer su relevancia. Cuando hemos restituido los sillares a su lugar, le hemos dado la oportunidad a esta magnífica infraestructura de continuar siendo lo que ha sido durante dos milenios: el cordón umbilical que une ambas orillas y, con ello, los pastos invernales de las dehesas de Sierra Morena con los estivales de las montañas de Cazorla, Segura y Las Villas.

Por eso, cuando el primer rebaño ha pasado por encima de su calzada nos hemos alegrado tanto.

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