Letras en el Día Mundial de los Bosques

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Monumento natural Chaparro de la Vega

Celebramos el Día Mundial de los Bosques (y el de la poesía), y para festejarlo nada mejor que proponeros un paseo por un bosque algo diferente, un bosque de libros. Una curiosa asociación, esta, que no es nueva, y que nos remite a su propia esencia. Las plantas, los árboles, las selvas están presentes tanto en los textos y relatos (desde el mitema del árbol de la vida hasta la simbólica floresta de los cuentos) como en la propia composición orgánica y material de los libros (por lo menos hasta que aparecieron las ediciones digitales).

Es, también, una relación vital. Porque los libros están vivos, tanto como los árboles. Vida vegetal mutada en vida literaria, podríamos decir. Un espíritu que palpita en las historias de millones de personajes como el eco de aquellos pájaros que una vez habitaron las ramas de los árboles, como la savia que circula por ellos. Y con la cultura debe de pasar algo parecido. Quizá por eso la selvicultura lleve incorporada esa noble palabra.

En este recorrido iremos saltando, como las ardillas, de libro en libro sin necesidad de poner pie en tierra, como osaba asegurar aquel popular mito. En cada salto nos asomaremos a diferentes ventanas del mundo de los bosques y de las disciplinas que nos permiten conocerlo y gestionarlo mejor. Sepamos, pues, leer entre líneas para que los árboles no nos impidan ver el bosque. Y recordemos que los libros, en definitiva, nos ayudan a crecer.

Restauración forestal

En Las ratas, Miguel Delibes pone de manifiesto, con magistral sorna castellana, la dificultad de sacar adelante repoblaciones forestales bajo las duras condiciones mediterráneas.

“La repoblación forestal era la obsesión de los hombres nuevos y cuando la guerra, apenas a las veinticuatro horas de estallar, se organizaron brigadas de voluntarios con el fin de convertir la escueta aridez de Castilla en un bosque frondoso. No había tarea más apremiante y los prohombres decían: «Los árboles regulan el clima, atraen las lluvias y forman el humus, o tierra vegetal. Hay, pues, que plantar árboles. Hay que hacer la revolución. ¡Arriba el campo! ». Y todos los hombres de todos los pueblos de la cuenca se desparramaron ilusionados, la azada al hombro, por las inhóspitas laderas. Pero llegó el sol de agosto y abrasó los tiernos brotes y los cerros siguieron mondos como calaveras.

[…] Tras la visita del ingeniero, que bebía con ellos como un igual, los extremeños acrecían sus esfuerzos, ahondaban las hoyas de cada pimpollo para que sirviera de recipiente a las aguas pluviales y les protegiera del matacabras, pero las lluvias no se presentaban y, al llegar julio, el pimpollo se asaba en el hoyo como un pollo en su propio jugo.”

Incendios forestales

En el angustioso Ensayo sobre la ceguera, José Saramago ironiza, con su característico estilo sin punto y seguido, acerca de la capacidad de los árboles para escapar de las llamas. Cuánto simplificaría esa mágica cualidad las tareas de extinción…

“Evidentemente, muchos de estos ciegos están siendo pisoteados, empujados, golpeados, son los efectos del pánico, efecto natural podríamos decir, la naturaleza animal es así, también la vegetal se comportaría de esa manera si no tuviera aquellas raíces que la prenden al suelo, qué bonito sería ver los árboles del bosque huyendo del incendio.”

Selvicultura

Pablo Neruda ofrece, en su libro de memorias Confieso que he vivido, una visión poética de los efectos de algunas perturbaciones naturales y de la propia senectud de la masa en la dinámica vegetal y el proceso de regeneración natural.

“Mi vida es una larga peregrinación que siempre da vueltas, que siempre retorna al bosque austral, a la selva perdida. Allí los grandes árboles fueron tumbados a veces por setecientos años de vida poderosa o desraizados por la turbulencia o quemados por la nieve o destruidos por el incendio. He sentido caer en la profundidad del bosque los árboles titánicos: el roble que se desploma con un sonido de catástrofe sorda, como si golpeara con una mano colosal a las puertas de la tierra pidiendo sepultura.”

“Un tronco podrido: ¡qué tesoro!… Hongos negros y azules le han dado orejas, rojas plantas parásitas lo han colmado de rubíes, otras plantas perezosas le han prestado sus barbas y brota, veloz, una culebra desde sus entrañas podridas, como una emanación, como que al tronco muerto se le escapara el alma…”

Inventariación forestal

En apenas unos párrafos de Ana Karenina, Tolstoi realiza varios guiños a diferentes disciplinas como los aprovechamientos leñosos, la caza o la inventariación forestal. Qué lejos quedaba aún el desarrollo de la tecnología LiDAR, que vendría a revolucionar los trabajos de inventario…

“- La madera del bosque que dices vale, por lo menos, a quinientos rublos por hectárea. […]

– En este asunto de la madera, lo tengo todo bien calculado, y mi único recelo es el temor de que el comprador se vuelva atrás. Se trata de madera que sólo sirve como leña para quemar, y a doscientos rublos por hectárea resulta muy bien pagada.

-[…] Vamos a ver: ¿has hecho medir y contar los árboles de tu bosque?

-¡Contarlos! ¿Quién cuenta las arenas del mar? […]

-Te engañas. Ten por cierto que Rebenin los ha contado. Ni él ni ningún negociante de su calaña compran sin saber exactamente lo que compran […]. Conozco muy bien tu bosque, porque he cazado por allí muchas veces y sé lo que digo.”

Silvopascicultura

Uno de los relatos recientes más duros sobre el mundo rural es, sin duda, Intemperie, donde Jesús Carrasco nos revela, por medio de la conmovedora historia de amistad entre un pastor y un niño, la esencia misma de la transferencia de conocimiento, uno de los ejes vertebradores del proyecto Life+ bioDehesa.

“De repente, el niño se sorbió los mocos, se levantó y, agarrando a una de las cabras, se la puso delante al viejo sin deshacer siquiera la cadeneta de cencerros. Luego, se sentó junto a él y esperó mientras el hombre colocaba la lata en su sitio. Cuando estuvo lista, el pastor le pidió al chico que agarrara las ubres. El muchacho formó dos puños huecos y con ellos rodeó los pezones y apretó. Entonces el pastor le cogió los pulgares y se los colocó de tal forma que las uñas empujaban los pezones contra el interior de los otros dedos. Envolvió con sus manos las del chico y, sin decir palabra, manipuló las tetas haciendo que la leche saliera despedida. Y así, mediante esa imposición, el viejo le transmitió al muchacho el rudimento del oficio, otorgándole en ese instante la llave de una sabiduría perenne y esencial. La que extraía leche de las entrañas de los animales o hacía que de una espiga pudiera brotar un trigal.”

Aprovechamientos forestales

Nada como dejarse arrastrar por la tumultuosa prosa de José Luis Sampedro en El río que nos lleva para vivir en carne propia el vertiginoso descenso a lomos de los troncos a través de unas vías de saca acuáticas junto a la cuadrilla de gancheros.

“Sí, la primavera se precipitaba para los gancheros más que para los labradores, porque al avance normal del calendario se acumulaba el descenso sierra abajo. No era sólo que la primavera se acercase a ellos, sino que ellos corrían a recibirla, a experimentar su influjo.”

Propiedad forestal

Nadie mejor que Lorca para hablar, como hace en Bodas de sangre, del vínculo a la tierra y del esfuerzo en trabajarla; del bosque como sinónimo de abundancia.

“Si yo hubiera tenido hijos hubiera comprado todo este monte hasta la parte del arroyo. Porque no es buena tierra; pero con brazos se la hace buena.”

“Mi madre era de un sitio donde había muchos árboles. De tierra rica.”

Gestión de fauna silvestre

En Mazurca para dos muertos, el nobel gallego Camilo José Cela reflexiona sobre las atrocidades de la guerra, estableciendo un divergente paralelismo entre la naturaleza humana y la del lobo. Un reciente proyecto Life+ ‘El Lobo en Andalucía: Cambiando actitudes’ pretende, precisamente, cambiar actitudes frente a esta especie.

“Por estos montes rodaron cabezas y vilezas pero también lágrimas, muchas lágrimas, la tierra es del mismo color que el cielo, también de la misma noble y nostálgica materia, y la raya del monte se borra detrás de la lluvia silenciosa, el verde blando y el gris ceniciento y blando sirven de cobijo a la raposa y al lobo, la guerra no estranguló al lobo, no acabó con el lobo, no mató al lobo, la guerra fue del hombre contra el hombre y su figura alegre, ahora la silueta del hombre es triste y está como avergonzada, no lo veo del todo claro pero para mí tengo que la guerra la perdió el hombre, ese doloroso animal en malaventura, ese amargo animal que no escarmienta.”

Botánica

Árboles y libros van de la mano en esta entrañable escena de El jugador, de Dostoievski.

“De fuera llega el rumor de los castaños y los olmos. […] Yo mismo recuerdo cómo mi difunto padre nos leía por las tardes, bajo los tilos, libros semejantes, a mi madre y a mí.”

Micología

El mundo de las hongos está presente en El cuaderno gris, donde el catalán Josep Pla rememora con nostalgia aquellas jornadas de juventud en el bosque. El Plan CUSSTA trata de conjugar la conservación y el aprovechamiento sostenible de este tesoro micológico.

“Aquel pinar oscuro, perfumado de setas, dentro del cual flotaba una luz soñolienta y trémula, me gustaba con delirio. Por la noche, pensaba en el ruido grave y solitario que hacía el viento en las altas ramas, veía la luz estática, dulce, que flotaba bajo el verde dorado de los árboles.”

Gestión de espacios protegidos

También hay “bosques” sumergidos, como los de las praderas de posidonia (Life+ Posidonia) mecidas por el oleaje, tal y como sugiere en esta brillante metáfora Jesús Carrasco en Intemperie.

“Abrió la boca del viejo metiéndole los dedos y vertió pequeños chorros por el orificio. La nuez del pastor se desplazó bajo la piel gastada de su cuello e hizo que se movieran los pelos de su barba como un campo de posidonias a merced de las corrientes.”

Servicios ecosistémicos

En La destrucción o el amor, el nobel andaluz Vicente Aleixandre da todo un recital de poesía forestal, en el que destaca elementos intangibles como la musicalidad, el erotismo o la espiritualidad del bosque.

“Los árboles del bosque cantan como si fueran aves.”

“Águilas como abismos,/ como montes altísimos,/ derriban majestades, troncos polvorientos,/ esa verde hiedra que en los muslos/ finge la lengua vegetal casi viva.”

“Quiero morir al límite de los bosques tendidos,/ de los bosques que alzan los brazos.”

En Entre el clavel y la espada, Alberti otorga al árbol nada menos que la capacidad de honrar el recuerdo de un ser querido.

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“… pienso en ti, en esa noble osamenta abonando/ trigos merecedores de más verdes alturas,/ árboles que susurren tu nombre dignamente…”

Uso público

Gloria Fuertes, con su inconfundible estilo, da las claves para un comportamiento responsable en la naturaleza en el siguiente poema.

“Niño Tom:/ Si vas al campo,/ no subas por los almendros./ Ni cojas nidos,/ ni caces pájaros,/ ni mates insectos negros./ ¡Ay, esa flor, esa flor/ que ahora muere entre tus dedos,/ sus novecientas hermanas/ la están echando de menos!/ Si vas al campo,/ sé bueno./ ¡Échate en la hierba,/ canta,/ estate quieto!/ No deshagas las casas/ de los insectos/ Niño Tom:/ Si vas al campo/ Sé hombre,/ niño pequeño.”

Del mismo modo que varios siglos antes, el insigne poeta palentino Jorge Manrique hacía lo propio en las Coplas a la muerte de su padre.

“Este mundo bueno fue/ si bien usásemos de él/ como debemos”

Pues usemos de este mundo como debemos. Ni más ni menos. Y sirvan estas fugaces pinceladas al solo propósito de despertar el deseo por conocer el resto del cuadro. De leer. Porque leer será el mejor homenaje que podamos hacer a ese bosque primitivo del que todos venimos.

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