Flor de la viuda y mariposas

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Flor de la viuda en una acequia de Dúrcal (Granada). Foto y texto: José Ramón Guzmán Álvarez

Cualquiera sabe el por qué de la sabia decisión de haber bautizado a un ramillete de florecillas color celeste con un nombre que es toda una dedicatoria: flor de la viuda. Porque en su esplendor, se nos antoja que esta inflorescencia es capaz de alegrar hasta el duelo más emocionado, aquel que recorre los días después de haber amado tanto.

Lo que sí sabemos es el significado de su epíteto científico: “caeruleum”, una derivación del caelum romano, de este cielo que parece haberse quedado atrapado en los corimbos de esta planta que ama las humedades de acequias, los rezumaderos de los muros de piedra de huertas y jardines y las ombrías de barrancos y arroyos.

Antiguamente esta planta tuvo que gozar de predicamento por sus virtudes medicinales. Su nombre genérico, Trachelium, así lo atestigua: Linneo la incorporó a su catálogo con el nombre griego trachelion, diminutivo del cuello o nuca que esta planta reparaba.

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Flor de la viuda y mariposas. Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas, Vadillo. Foto: José Ramón Guzmán

La flor de la viuda es todo un festín de color suave. Y también es un manjar para las flores traviesas que son las mariposas, que acuden temblorosas al reclamo de poesía y néctar.

No es de extrañar que cuando el visitante descubrió la flor sintiera el deseo de compartirla con los que habían quedado en casa. Se acercó y tronchó el tallo de una de tantas que aprovechaban el reguero de agua que salía de la fuente. Una voz, entonces, se interpuso en su tarea:

“Hola, disculpe – le dijo. Mire, no se tome a mal lo que le voy a decir. ¿No se ha dado cuenta de todas las mariposas? Y fíjese que ya se ha ocultado el sol y son las últimas. Les encanta esta flor. Y todos los que vienen aquí al merendero, disfrutan con las mariposas. Las tenemos que cuidar, porque si cada uno de los que se acercaran a la fuente cogiera una de las flores, nos quedaríamos sin flores y sin mariposas. Yo sé que usted lo ha hecho sin pensarlo, pero téngalo en cuenta, por favor.”

Sucedió en Cazorla, en el parque natural. El visitante se marchó al coche un poco avergonzado pero contento al comprender que la naturaleza tenía quien la cuidase.

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