Jardín de jardines (X). Botánico Dunas del Odiel

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Os traemos aquí una nueva entrega, una de las últimas, de la serie que iniciamos hace ya un par de meses sobre los jardines botánicos andaluces. En esta ocasión hemos elegido el Jardín Botánico Dunas del Odiel, próximo a la playa y en una zona de altísimo valor ecológico. Una buena opción, sin duda, como actividad para este verano, del que ya llevamos un tanto andado.

El jardín se encuentra en el que fue, según los testimonios de los naturalistas-aventureros de mediados del siglo pasado, uno de los enclaves naturales más impresionantes de la costa atlántica andaluza: las lagunas de Palos y las Madres; el monte Dunas del Odiel. Aunque la transformación de esta zona ha sido muy intensa, aún se conservan especies, lugares, que atestiguan la riqueza y singularidad de este espacio. Uno de ellos es este jardín botánico.

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Los arenales costeros dominan las formaciones y la fisionomía del jardín. En un breve espacio tenemos la oportunidad de ver el papel que juegan las plantas amantes de la arena (psamófilas) en el proceso de fijación de las dunas. Observándolas descubriremos las soluciones que han encontrado para desarrollarse en este duro ambiente, así como su participación en el enriquecimiento del suelo que se sucede desde la playa hasta los montes y bosques interiores. También, como ocurre en su entorno, esta marcada influencia litoral se enriquece con la presencia de otros elementos que diversifican el paisaje vegetal; el agua irrumpe bajo distintas formas (arroyos, lagunas y encharcamientos, lucios de marismas, etc.) dando lugar a otro tipo de plantas con estrategias y adaptaciones diferentes.

JB Dunas del Odiel Bosque Galería

La primera formación sostenida por esta abundancia puntual de agua la encontramos al inicio y al final del sendero, se trata del pequeño bosque en galería que acompaña al arroyo que atraviesa el jardín. Sobre unas pasarelas de madera cruzamos un verdor fresco de mimbreras, vid silvestre, helecho real y madreselvas.

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En las tres lagunas que se bordean a lo largo del sendero las plantas anfibias como eneas y carrizos con raíces y rizomas bien desarrollados bajo el agua forman una orla que las delimita. Otras como los nenúfares están ancladas al fondo, aunque tienen hojas flotantes con grandes cámaras de aire en sus tejidos a modo de flotadores.

JB Duna del Odiel laguna

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Hydrocharis

Este recorrido por “los paisajes del agua” se completa con uno muy especial, un tesoro del jardín: la turbera, reducto de la riqueza y extensión de la gran turbera de las Madres, la que fue una de las más importantes del sur de Europa. En estos ambientes tan especiales, la saturación de agua, la acidez del suelo y la escasez de nutrientes disponibles crean un hábitat muy específico. En estas circunstancias tan particulares, podemos observar un ejemplo de brezal atlántico formado por especies raras de tojo, brezo y aulaga. El reto aquí será descubrir la pinguicula, nuestra pequeña y escasa planta carnívora o la bella violeta blanca, tan rara y amenazada en nuestras latitudes.

 

A medio camino entre el arroyo y los arenales estables, con un suelo más profundo y con mayor humedad que en éstos, aparece el alcornocal que antaño ocupaba grandes extensiones en nuestro sector.

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Azucenas de mar (Pancratium maritimum)

Finalmente, nos adentramos en el gran dominio de los arenales del jardín. En nuestro sendero, pequeñas dunas embrionarias en las que el cardo marino, las lechetreznas y las azucenas de mar aparecen como primeras colonizadoras de la arena, se suceden dando paso a las dunas blancas, donde el barrón es el protagonista. Este auténtico arquitecto dunar, tiene unas raíces extensísimas que como una red abrazan la arena, iniciando su lento proceso de fijación. En esta bella formación vegetal podemos contemplar algunas de nuestras “joyas botánicas” como la Linaria lamarckii: la flor que desapareció de nuestra costa, rescatada hoy para nuestro litoral.

Linaria lamarkii

Linaria lamarkii

A continuación, en las dunas grises, las clavellinas, las siemprevivas con olor a regaliz, los alelhíes de mar, florecen llenando de color las ondulaciones arenosas que se suceden en esta zona del jardín.

Clavellina Dianthus inoxianus

Clavellina (Dianthus inoxianus)

Penetrando un poco más al interior en los sistemas dunares, pero aún bajo la influencia marina, se encuentran los enebrales y sabinares costeros. Los espectaculares enebros del jardín nos recuerdan uno de los paisajes más espléndidos de Doñana, donde se mantienen como altas estatuas que sobreviven al paso de las dunas móviles. Nuestras impresionantes sabinas son el testigo vivo del cordón dunar que rodeaba la “rompiura” de las Madres en su llegada al mar a principios del siglo pasado. Antaño, estos bosquetes ocupaban la mayor parte de este territorio en las zonas más próximas al mar. Actualmente se acompañan de bosques de pino piñonero y han quedado reducidos a enclaves generalmente protegidos

JB DUNAS DEL ODIel Sistema dunar

Sistema dunar

A continuación, el sendero se acompaña del monte mediterráneo con toda su diversidad y riqueza. En nuestro entorno son frecuentes dos formaciones de matorral que localmente se conocen como monte blanco y monte negro. Caminando entre ellas observamos sus diferencias: la primera y más evidente es el color. El jaguarzo, blanquecino caracteriza la formación más xérica (con menos necesidad de agua), sin embargo, en el monte negro el brezo de escobas, de ramaje negro y hojillas de color verde oscuro es el arbusto dominante. Junto a ellas, encontramos un cortejo de plantas con una floración espectacular que se mantiene de febrero a julio: primero la explosión amarilla de jaguarzos y escobones, luego las lavandas, siemprevivas, el romero macho, y al final las armerías y clavellinas… un placer para la vista y el olfato.

No faltan en el jardín espacios reservados para mostrar cómo las personas nos hemos adaptado también a los recursos naturales que poseíamos a nuestro alrededor. Cultivando las plantas, seleccionando formas y variedades, respetando sus ciclos biológicos. En la huerta crecen variedades locales de hortalizas y frutales procedentes de semillas autóctonas no comerciales, rescatadas de los habitantes locales que aún las mantienen vivas.

JB Dunas del Odiel Huerto 1

La relación que tradicionalmente cada pueblo ha tenido con las plantas que le rodeaban, conociendo sus propiedades y respetando sus necesidades, es parte de la unión de las gentes con su territorio y el paisaje vegetal que lo caracteriza. Conservarlo es mantener también parte de su identidad y, cómo no, es también una aspiración de esta red de jardines.

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