El futuro de la dehesa pasa por Europa

dehesas invierno

El miércoles pasado fue un buen día. Bueno, casi todos los días lo son, pero ese fue especial. Recibimos una visita de un grupo de viajeros de varios países de Europa que querían conocer mejor nuestra tierra. Realmente, esto es lo que hacemos todos cuando viajamos. Lo que ocurre es que estos viajeros no venían estrictamente de turismo. Era más bien un viaje de estudios.

El perfil de los viajeros era singular, porque cada uno de ellos contaba por muchos. De modo que era como recibir al mismo tiempo a un montón de visitantes a la vez. Los viajeros eran representantes de todos los ciudadanos europeos.

¿Y qué venían a estudiar los europarlamentarios de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo? Pues tenían una agenda muy densa: ¡una vez que uno decide desplazarse, todo son posibilidades! ¡Y con todo el campo que hay en Andalucía! Campo y no sólo campo, porque, y éste era uno de los puntos fuertes de la agenda, en Andalucía las vacas, y las ovejas, y los cerdos, y las cabras, y los caballos, y…, también pastan en los montes. Y los pastos son terreno forestal. Y tienen encinas, y alcornoques, o tienen lentiscos y acebuches, o retamas y romero. Algo tan sencillo que sólo basta mirar por la ventanilla del tren (o del autobús, en el caso de este viaje).

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De manera que uno de los asuntos principales del desplazamiento era conocer in situ cómo pastan los animales en Andalucía. Algo a lo que estamos acostumbrados, pero que resulta cada vez más una excepcionalidad. Pongamos, por ejemplo, el foco en la necesidad de que mejoren las condiciones de bienestar animal en las explotaciones ganaderas. Uno llega a una dehesa y contempla a una piara de cerdos retozones y se le cambia la cara, porque aquí jugamos en otra liga: la de los animales que viven felices. Y si se persiguen objetivos de calidad de la alimentación, de economía circular, de soluciones basadas en la naturaleza, pues resulta que aquí lo tenemos inventado e implementado desde hace un montón de siglos.

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Total, que los europarlamentarios vinieron, vieron y se fueron contentos. Compartieron un buen rato, se llevaron seguro, muchas vivencias. Pero, sobre todo, aprendieron que esta forma de ganadería amigable con la naturaleza tiene, pese a toda su positividad, grandes problemas. Y que algunos de ellos los creamos nosotros mismos al hacer una normativa bastante mejorable cuando se entra en los detalles. Porque si se regula el bienestar animal, por ejemplo, pensando en echarle una mano a las gallinas ponedoras que viven en jaulas, pues es probable que te equivoques cuando lo apliques a un gallo capón que se pasee orgulloso por un huerto. Y si por celo se establece un sistema de control de ayudas a los pastos basado en que lo que se come es la hierba, y que todo lo que no sea hierba no es pasto, pues la solución posiblemente no será buena cuando hay matorral que se come o, más ridículo aún, cuando hay árboles por encima de al hierba, que no se comen, porque están en otra dimensión, pero favorecen al pasto.

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Y entre los problemas de nuestros campos y montes, apuntaron uno de los principales. Que como no renovemos los árboles de nuestras dehesas, lo que hoy es un paisaje idílico dentro de unos años será un lamento. Y si tenemos en cuenta los riesgos que nos amenazan (la seca, el cambio climático, la falta de rentabilidad, el envejecimiento…), la cosa no está para tirar cohetes. Y como la dehesa le preocupa a Europa porque es hábitat de interés comunitario y muchos ciudadanos viven de ella, y hay águilas imperiales, y carne de calidad,… pues es cuestión de que sepan nuestros conciudadanos europeos que entre los proyectos que se financian con el presupuesto de todos, está también el de ayudar a la renovación de las dehesas.

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Y esto fue una de las cuestiones que más les sorprendió a nuestros viajeros. Que resulta que se aprobó un reglamento de ayudas al desarrollo rural que contempla la implantación de sistemas agroforestales (que así se pede llamar también a la dehesa), pero que no incluye la renovación. Por las razones que sean. El caso es que con esta redacción del reglamento, todo es mucho más difícil. Es decir, apoyar la renovación de las dehesas no es tarea sencilla.
De modo que nos dio mucha alegría ver que nuestros visitantes europarlamentarios anotaban en sus libretas ago así como: “habría que hacer una modificación del Reglamento FEADER para que en lugar de poner implantación, ponga implantación y renovación. Parece sencillo, a ver si nos ponemos de acuerdo entre nosotros”.

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